miércoles, 21 de diciembre de 2011

Necesidades



Se dió cuenta tarde de que era demasiado viejo a pesar de su juventud. Tardó en darse cuenta de que necesitaba volar. Nunca fue capaz de desplegar sus alas, lanzarse al vacío y sentir la caricia de la brisa en su rostro. Jamás dejó que su cuerpo sintiera la feroz dentellada de la adrenalina ante la posibilidad de caer. Su ansia de libertad jamás fue saciada. Durante toda su vida se limitó a caminar por senderos llanos y tranquilos, salvo por algún que otro bache con el que tropezó. Siempre se sintió como ese perro pastor que desde pequeño vive junto a un rebaño de ovejas, con las cuales no tiene nada en común y a las que no puede dejar de mirar ni seguir. Su deber es protegerlas de cualquier amenaza, incluso si esa amenaza puede dañarle a él. Una vida encerrado en una prisión cuyos barrotes tenían forma de obligaciones, responsabilidades y miedos. Un día, ese joven viejo decidió fugarse de esa maldita prisión. Cogió todas sus esperanzas, sueños e ilusiones y escaló hasta la mas alta montaña, desde allí, abrió sus espléndidas alas, respiro un segundo y saltó. Mientras surcaba el cielo sintió por primera vez la fría brisa acariciando su rostro como un suave manto de seda. Sintió el duro mordisco de la adrenalina ante la caída. Durante su vuelo, encontró lo que necesitaba y nunca había hecho en su vida: Vivir.

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